Actualmente, a nadie se le escapa que, hoy en día, la comunicación está profundamente marcada por el uso masivo de las redes sociales, las cuales se han consolidado como el principal canal informativo para la generación Z (que comprende a las personas nacidas entre 1997 y 2010), desplazando en este rol a los medios de comunicación tradicionales.
Ya sea de forma inconsciente, lo que se conoce como “consumo incidental”, o buscando información de manera activa mediante el seguimiento de hashtags o páginas de contenido informativo en plataformas como TikTok o Instagram, los medios tradicionales, como los periódicos o la televisión, ya no forman parte de la dieta informativa de la generación Z. La comunicación a través de las redes sociales define una nueva forma de informarse que se caracteriza por ser más rápida, fragmentada y constante.
¿Cómo se informan los jóvenes?
Por un lado, aparece está el factor “consumo incidental”, expresión que se refiere a que el joven no «busca» la noticia, sino que se la «encuentra» mientras está consumiendo contenido en redes sociales. En este caso, la información llega fragmentada y descontextualizada, a través de mensajes cortos y sin el filtro editorial clásico del periodismo.
Por otro lado, a la hora de profundizar en un contenido informativo, existen varias vías mediante las cuales se puede acceder a un conocimiento más detallado, desde la elección de la red social hasta el modo en que sea hace, como a través del uso de hashtags. Las redes sociales presentan la información en muy diferentes formatos: podcasts, vídeos en YouTube, en mensajes lanzado por los creadores de contenidos, paginas dedicada a temas específicos… La generación Z elige el que más le conviene según gustos o momentos de consumo.
Una información más rápida y de varios formatos
En todo caso, el entorno digital juega un papel fundamental. Pero no solo han cambiado las fuentes de información de los jóvenes, sino también quién merece su confianza. Ya no se trata únicamente de dar fiabilidad al reconocido nombre de un periódico o de un programa de televisión que durante décadas ha sido un referente informativo, sino que la claridad y sensibilidad que expresan algunos comunicadores digitales hacen que los jóvenes sientan que su visión del mundo también es válida y que merezca ser considerada.
La razón de esta vuelta al culto a la individualidad es clara, se debe a que nos sentimos identificados personalmente con estos creadores, a quienes percibimos como pares, estableciendo una conexión emocional y de cercanía que los medios convencionales no logran replicar. Esta preferencia refleja varias limitaciones del modelo tradicional de los medios. Los jóvenes rechazan la forma en que suelen ser retratados, muchas veces mediante estereotipos o narrativas de conflicto que no coinciden con su realidad. A esto se suma la percepción de que los contenidos están excesivamente politizados, lo que socava la confianza en la objetividad de los medios.
Al mismo tiempo, las redes sociales se han convertido en el hábitat natural de la generación Z. Allí, los influencers dominan lenguajes visuales, breves y directos que conectan de manera instantánea con su audiencia. El auge del contenido amateur, desde streamers hasta “ídolos de Twitch”, contrasta con el formato rígido y lineal de la televisión tradicional que para esta generación resulta anticuado y poco flexible. En cambio, los creadores digitales ofrecen transparencia, cercanía y afinidad temática, adaptándose a su ritmo e intereses.
Por lo tanto, no es casualidad que los medios tradicionales se hayan volcado al entorno digital, incorporando formatos y contenidos propios de las redes: stories, reels y posts que resumen un acontecimiento histórico y, al mismo tiempo, para captar la atención de este tipo de audiencia. Este cambio redefine la comunicación y el marketing, en este sentido, las marcas ya no compiten solo por atención, sino por conseguir credibilidad en un entorno donde los creadores de contenido generan más confianza que muchos medios tradicionales.
¿La muerte de la televisión?
Entretenimiento, información y marketing siempre han estado interconectados, la diferencia ahora radica en el espacio donde se desarrollan. Antes, la vida familiar pivotaba sobre un mueble en el centro del salón, el televisor era el «punto de atención» que sincronizaba a la sociedad. Sin embargo, para la generación Z, ese ritual es una reliquia analógica, su ecosistema ya no está ligado a un único espacio ni tiene horarios, y el contenido que consume está fragmentado.
Según el informe The Gen Z Effect: Shaping the Year of Impact de Dentsu, el 75% de los jóvenes adultos ya no consume televisión en directo a diario. El desplazamiento masivo hacia la televisión conectada (CTV) y el streaming, ha convertido a la televisión tradicional en un generador de memes y momentos destacados que la Generación Z reproduce de manera fragmentada en redes.
Como profesionales de la comunicación, el reto está en saber identificar momentos relevantes que puedan destacar en una publicación de consumo rápido, pero lo suficientemente interesantes como para que la audiencia quiera profundizar.
En definitiva, los medios tradicionales no han muerto, pero han dejado de ser el centro del ecosistema informativo para la Generación Z. Hoy compiten en un entorno donde la inmediatez, la cercanía y la autenticidad pesan más que la autoridad histórica. Las redes sociales no solo han cambiado cómo se consume la información, sino también quién la produce y en quién se confía. Ante este escenario, el desafío para medios y marcas no es resistirse al cambio, sino adaptarse a los nuevos códigos, entender que existe una audiencia activa, fragmentada y exigente, y aprender a comunicar con relevancia en un espacio donde la atención es efímera, pero la conexión emocional lo es todo.