Durante mucho tiempo trabajé en redacciones de medios de comunicación. Aprendí en la tremenda escuela que es la radio, crecí en el reporteo de calle para televisión, y me consolidé en los sets de grabación. Cubrí información de economía, negocios, actualidad y política, siempre con la presión del cierre encima y con la obligación constante de que había que entender rápido lo que está pasando para explicarlo a una audiencia que puede ser crítica y, en ocasiones, cruel.
En el lado periodístico de los medios, la relación con las relaciones públicas suele ser tensa. A los periodistas se les bombardea con información desde las agencias, responsables de prensa y equipos de comunicación todos los días. Contenidos que, muchas veces, se revisan con desconfianza. Más de una vez hemos escuchado aquello de que el PR es “el lado oscuro” de las comunicaciones, o que, mientras que
No sólo eso, también existe un cierto prejuicio extendido contra aquellos periodistas que consideran pasarse al mundo del PR. La sensación de que dar ese paso significa abandonar el oficio. Como si uno dejara atrás las habilidades que aprendió en la redacción. Muchas veces, yo también lo consideré así.
Por eso, reconozco que entrar al mundo de la comunicación corporativa no fue algo que estuviera en mis planes desde el principio. No fue una transición planificada, sino más bien una vuelta de tuerca personal y profesional de 180 grados.
Tuve que admitir algo que al principio cuesta reconocer. Muchos de los prejuicios que tenía sobre las relaciones públicas, simplemente, no eran verdad. Con el tiempo me he dado cuenta de que esa visión es demasiado simplista. En la realidad, ambos mundos dependen mucho más el uno del otro de lo que solemos admitir. Y no lo digo solo porque hoy esté de este lado de la vereda. También lo digo porque cuando estaba en la redacción vi de primera mano cómo ha cambiado la industria de los medios.
Las redacciones hoy hacen más contenido que nunca, pero con menos manos. El periodista ya no solo investiga. También graba, edita, publica en distintas plataformas y, muchas veces, hasta tiene que mirar métricas. El ritmo informativo es más frenético que nunca y el espacio para profundizar en las historias se achicó.
En ese escenario, los equipos de comunicación estratégica y de relaciones públicas empiezan a jugar un rol distinto. Más que rivales, pueden transformarse en aliados. Una parte importante de que una historia llegue a publicarse es que llegue bien armada a la redacción. Y, muchas veces, ese trabajo ya no se hace dentro de los medios, sino desde los equipos de comunicación. Investigación, contexto, análisis de tendencias, datos y construcción narrativa suelen trabajarse antes de que un periodista siquiera abra el documento adjunto.
Desde que crucé al mundo del PR lo veo con más claridad. Muchas de las historias que terminan en la conversación pública no nacen necesariamente en el vértigo de la redacción. Muchas veces se generan en espacios donde sí hay tiempo para investigar, ordenar ideas y construir un relato con sentido. Al final del día se trata de contar buenas historias. Y eso, para alguien que viene del periodismo, suena bastante familiar.
Los periodistas, por su parte, necesitan contrapartes que entiendan cómo funciona una redacción, que sepan explicar temas complejos con claridad, que comprendan cómo encajan en la coyuntura y que gestionen rápido. El periodismo te entrena justamente para eso: detectar qué es realmente importante en una historia, hacer las preguntas necesarias y explicar los temas de forma clara. Todas esas habilidades son exactamente las que necesita alguien que trabaja en comunicación estratégica.
Por eso tampoco sorprende que muchos periodistas terminen encontrando su lugar en el mundo del PR. Traen consigo algo que no siempre se aprende en un manual: entienden perfectamente qué necesita un periodista para interesarse por una historia. Saben que la relevancia, la claridad y el timing lo son todo. También están acostumbrados a absorber grandes cantidades de información, detectar patrones y convertir todo eso en una narrativa coherente.
Cuanto más avanzo en este camino, más me doy cuenta de que el periodismo no se queda atrás cuando uno cambia se cambia “de lado”. En realidad, se transforma en una de las herramientas más valiosas que puedes tener. Hoy miro el periodismo y las relaciones públicas de una manera distinta a como lo hacía cuando trabaja en medios. Ya no los veo como mundos opuestos, sino como dos profesiones que, dentro del mismo sector, cuando se entienden bien, se complementan.
Y a veces, para darse cuenta de eso, hay que atreverse a sentarse al otro lado de la mesa.

PR Consultant
